poemas

Cuatro poemas de Anne Sexton

18/02/2012
Anne Sexton por Michelle Bloom (detalle) / Fuente: http://bloomiverse.com

La balada de la masturbadora solitaria Al final del asunto siempre es la muerte. Ella es mi taller. Ojo resbaladizo, fuera de la tribu de mí misma mi aliento te echa en falta. Espanto a los que están presentes. Estoy saciada. De noche, sola, me caso con la cama. Dedo a dedo, ahora es mía. No está tan lejos. Es mi encuentro. La taño como a una campana. Me detengo en la glorieta donde solías montarla. Me hiciste tuya sobre el edredón floreado. De noche, sola, me caso con la cama. Toma, por ejemplo, esta noche, amor mío, en la que cada pareja mezcla con un revolcón conjunto, debajo, arriba, el abundante par en espuma y pluma, hincándose y empujando, cabeza contra cabeza. De noche, sola, me caso con la cama. De esta forma escapo de mi cuerpo, un milagro molesto, ¿Podría poner en exhibición el mercado de los sueños? Me despliego. Crucifico. Mi pequeña ciruela, la llamabas. De noche, sola, me caso con la cama. Entonces llegó mi...

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Cinco poemas de Juan Pablo Forner

17/02/2012
Juan Pablo Forner

A filis, enferma de la garganta… Amor, Filis mía, que enojado vio la dureza ingrata de tu corazón, vibrando la flecha con nuevo rigor, herirte dispuso, mas, ¡ay!, no acertó. Al pecho asestaba, y el vibrado arpón tocó tu garganta, y en mi pecho dio. Tú libre quedaste; yo, herido de amor; ¡Oh, qué dulce hierro, si hiriera a los dos! Tu garganta airosa, donde de tu sol ondean las hebras que el oro envidió, lastimada apenas del golpe veloz, del robusto niño percibió el ardor; percibióle sólo; padézcole yo, herido, abrasado de impía pasión. Tú de Amor te burlas, yo sufro su error; ¡Oh, qué dulce hierro, si hiriera a los dos! Tímidos deseos, que, afable, animó de tus ojos gratos el vivo esplendor, de estar a tu lado diéronme ocasión; ¡momento dichoso, si acertara Amor! De su arco invencible yo el juguete soy, pudiendo su tiro doblar el traidor. Retiró la mano, sin ver dónde hirió. ¡Oh, qué dulce hierro, si hiriera a los dos! Ay, niña...

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Tres poemas de Humberto Costantini y su Declaración jurada

12/02/2012
Humberto Costantini

El futuro Qué lindo era el futuro, el futuro del pizarrón de cuarto grado, todo hecho con tizas de colores y una confianza buena, de las viejas, de esas que ya no se consiguen ni pagando al contado. era realmente lindo, lindo aquel futuro del pizarrón de cuarto, había chicos decentes tomados de la mano chicos con las orejas limpias y las medias derechas y los dientes seguramente cepillados. Juro que era lindísmo el futuro del pizarrón de cuarto grado Había toros, libélulas y ríos había trenes, palomas y silos y aeroplanos había campos y escuelas y edificios altísimos había vacas y ovejas bellamente pastando Había una iglesia y un trigal y un puerto con muchísimos barcos Al fondo, por supuesto, un ancho sol naciente en amarillo, con sus ojos, su boca, su sonrisa en realidad bastante parecido al de la tapa del cuaderno ‘Sol de Mayo’ pero de todos modos era una maravilla aquel futuro del pizarrón de cuarto grado ¡Ah, si pudiera entrar en el futuro! en...

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Cinco poemas de Allen Ginsberg

08/02/2012
Allen Ginsberg

La balada de los esqueletos Dijo el esqueleto Presidencial No firmaré el proyecto Dijo el esqueleto Vocero Sí lo harás Dijo el esqueleto Representativo Objeción Dijo el esqueleto Corte Suprema ¿Qué esperabas? Dijo el esqueleto Militar Comprad bombas estrellas Dijo el esqueleto Clase Alta Hambread a las mamis solteras Dijo el esqueleto Yahoo Parad el arte obsceno Dijo el esqueleto Derecha Olvidaos del Corazón Dijo el esqueleto Gnóstico La Forma Humana es divina Dijo el esqueleto Mayoría Moral No, no lo es, es mía. Dijo el esqueleto Buda La compasión es riqueza Dijo el esqueleto Corporación Es mala para la salud Dijo el esqueleto Viejo Cristo Preocuparos de los pobres Dijo el esqueleto Hijo de Dios el SIDA necesita cura Dijo el esqueleto Homófobo Chupad a los gays Dijo el esqueleto Patrimonio Nacional Los negros no tienen suerte Dijo el esqueleto Macho Mujeres a su lugar Dijo el esqueleto Fundamentalista Multiplicad la raza humana Dijo el esqueleto Derecho a la Vida El feto tiene un alma Dijo el esqueleto...

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Cinco poemas de Alfonso Gumucio Dagron

06/02/2012
Alfonso Gumucio Dagron

Lista de cosas que no rntiendo Una golondrina rayando el cielo. Tanta música en los bosques. La humedad de un látigo de sauce. Sus lágrimas, su aspecto acongojado. Una hilera de palomas idénticas sosteniendo el alero de un tejado. Una estatua más hermosa mutilada. Un balcón que se descuelga quejumbroso. El rocío, los charcos, las ranas. Las estampillas que van y vuelven cargadas de promesas. Un callejón vacío y en el fondo no tanto, en último plano la primera estrella de la noche. El frío de un limón que me desgarra. La arena que llena tu busto dormido. La imperfecta pieza de cuarzo salvaje en que te miro. Tus sonrisas varias. No entiendo, no entiendo nada. Vamos a ver. ¿Para qué tantas cosas inútiles? ¿Cómo justifican su existencia? No entiendo esta infinita variedad de sutilezas. La piel blanca de la nieve que acabo de herir, la sangre que brota de mi labio partido, partidos tus muslos, tu humedad, partida tu y lejos. Máquina de escupir Voy a echarle leña...

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Tres poemas de Friedrich Schiller

03/02/2012
Friedrich Schiller

Éxtasis por Laura Laura, si tu mirada enternecida hunde en la mía el fulgurante rayo mi espíritu feliz, con nueva vida, en ráfaga encendida resbala con la luz del sol de mayo. Y si en tus ojos plácidos me miro sin sombras y sin velos, extasiado respiro las auras de los cielos. Si el acento sonoro tu labio al aire da con un suspiro y la dulce armonía de las estrellas de oro; escucho de los ángeles el coro, y absorta el alma mía en transparente amoroso se extasía. Si en la danza armoniosa tu pie, como ola tímida resbala, a la tropa de amores misteriosa miro agitar el ala; el árbol mueve, tras de ti, sus ramas cual si de Orfeo oyérase la lira, y a mis plantas la tierra que pisamos vertiginosa gira. Si de tus ojos el destello puro fuego amoroso inflama, latido al mármol duro da y al árido tronco vital llama. Cuanto goce soñó la fantasía ya presente contémplolo y seguro, cuando en tus...

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Tres poemas de Carolina Coronado

29/01/2012
Carolina Coronado por Federico de Madrazo y Küntz

La luna es una ausencia Y tú, ¿quién eres de la noche errante aparición que pasas silenciosa, cruzando los espacios ondulante tras los vapores de la nube acuosa? negra la tierra, triste el firmamento, ciegos mis ojos sin tu luz estaban, y suspirando entre el oscuro viento tenebrosos espíritus vagaban. yo te aguardaba, y cuando vi tus rojos perfiles asomar con lenta calma, como tu rayo descendió a mis ojos, tierna alegría descendió a mi alma. ¿Y a mis ruegos acudes perezosa cuando amoroso el corazón te ansía? Ven a mí, suave luz, nocturna, hermosa hija del cielo, ven: ¡por qué tardía! ¡Ay! transportad mi corazón al cielo! Ángeles peregrinos que habitáis las moradas divinas del Oriente y que mecidos sobre el claro ambiente por los espacios del mortal vagáis. A vosotros un alma enamorada os pide sin cesar en su lamento alas, para cruzar del firmamento la senda de los aires azulada. Veladme con la niebla temerosa que por la noche ciega a los mortales, y en vuestros...

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Tres poemas de Mía Gallegos

24/01/2012
Mía Gallegos

El claustro elegido No busco nada. A nadie aguardo en este día. Esperar es una de las raras estratagemas de Dios para detenernos en un punto. Mi país: montaña verde y lluvia. Un caballo se pierde en la llanura imaginada, que ahora está vedada a mis ojos. Busco la intensa reflexión: la de los libros amigos, la luz interna que preciso para vivir, el candil de oro, el Eclesiastés y la paciencia de Job. A mi edad y en un país de lluvia, el claustro es una elección. Ahí se pierden los contornos. La vida se diluye en un ir y venir del trabajo al café, del café a la taberna. Busco la infancia que soy: la llanura, la sombra del árbol gigantesco, el único mar sin fondo, el caballo desbocado en su furia, el verdor de la montaña junto al cielo. Me gusta quedarme a solas sintiendo como la sangre me nutre de nuevas vestiduras. A solas me pertenezco. No hay dicotomía entre el espejo y yo. Una...

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Tres poemas de Wislawa Szymborska

20/01/2012
Wislawa Szymborska

Amor a primera vista Ambos están convencidos de que los ha unido un sentimiento repentino. Es hermosa esa seguridad, pero la inseguridad es más hermosa. Imaginan que como antes no se conocían no había sucedido nada entre ellos. Pero ¿qué decir de las calles, las escaleras, los pasillos en los que hace tiempo podrían haberse cruzado? Me gustaría preguntarles si no recuerdan -quizá un encuentro frente a frente alguna vez en una puerta giratoria, o algún “lo siento” o el sonido de “se ha equivocado” en el teléfono-, pero conozco su respuesta. No recuerdan. Se sorprenderían de saber que ya hace mucho tiempo que la casualidad juega con ellos, una casualidad no del todo preparada para convertirse en su destino, que los acercaba y alejaba, que se interponía en su camino y que conteniendo la risa se apartaba a un lado. Hubo signos, señales, pero qué hacer si no eran comprensibles. ¿No habrá revoloteado una hoja de un hombro a otro hace tres años o incluso el último martes?...

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Tres poemas del Marqués de Santillana

15/01/2012
Marqués de Santillana

Cuando yo veo la gentil criatura… Cuando yo veo la gentil criatura que el cielo, acorde con naturaleza formaron, loo mi buena ventura, el punto y hora que tanta belleza me desmostraron la su hermosura, ya sola de loor es la pureza; mas luego torno con igual tristura y me pongo a quejar de su crudeza. Que no fue tanta la del mal Thedeo, ni hizo la de Achila y de Potino, falsos ministros de ti, Ptholomeo. Así que lloro mi servicio indigno y la mi loca fiebre, pues que veo que me hallo cansado y peregrino. Canción Recuérdate de mi vida, pues que viste mi partir e despedida ser tan triste. I Recuérdate que padesco e padesçí las penas que non meresco, desque vi la respuesta non devida que me diste; por lo qual mi despedida fue tan triste. II Pero no cuydes, señora, que por esto te fue ni te sea agora menos presto; que de llaga non fingida me feriste; así que mi despedida fue tan...

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