
Traté de retardar el momento de presentarme a mi amo; pero, al fin, el hambre, la desnudez en que me hallaba y la falta de asilo, me obligaron a ir. Mi corazón, al aproximarme a la casa de Doña Flora, palpitaba con tanta fuerza, que a cada paso me detenía para tomar aliento. La inmensa pena que iba a causar anunciando la muerte del joven Malespina, gravitaba sobre mi alma con tan atroz pesadumbre, que si yo hubiera sido responsable de aquel desastre, no me habría sentido más angustiado. Llegué por fin, y entré en la casa. Mi presencia en el patio produjo gran sensación; sentí fuertes pasos en las galerías altas, y aún no había tenido tiempo de decir una palabra, cuando me abrazaron estrechamente. No tardé en reconocer el rostro de Doña Flora, más pintorreado aquel día que un retablo, y ferozmente desfigurado con la alegría que mi presencia causó en el espíritu de la excelente vieja. Los dulces nombres de pimpollo, remono, angelito, y otros que...

El poeta Jeremías Marquines ganó el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes, el más prestigioso de México en su género, por el libro Acapulco-Golden. El jurado, integrado por Jorge Boccanera, Ernesto Lumbreras y Orlando González Esteva, votó por unanimidad la obra de Marquines y señaló que se trata de "un libro intenso y rico en imágenes" y que "a lo largo del volumen desvarío y lucidez dan una diversidad de climas y una trama".






