
Dos días antes de llegar a Buenos Aires, el Goethe empezó a remozarse. Trabajaba la marinería de sol a sol bajo la mirada escrutadora de los oficiales. Era una agitación semejante a la de un navío de guerra en vísperas de combate. La última cubierta se empequeñecía. Las balleneras pendientes sobre el mar eran retiradas al interior, descansando fijas en sus cuñas. Los paseantes veíanse obligados a moverse entre estas embarcaciones, que sólo dejaban accesibles estrechos pasadizos. Una limpieza minuciosa y paciente retocaba el exterior de la nave desde la línea de flotación a los topes, dejándola como nueva. Por todas partes se encontraban marineros arremangados y despechugados, con un cubo de pintura en una mano y una brocha en la otra. Sosteníanse en peligroso equilibrio sobre mástiles y barandillas. Sentados en andamios y teniendo a sus pies el mar, pintaban los costados del buque balanceándose sobre el abismo. Desaparecían rápidamente todos los ultrajes que las olas, el aire salino y los roces en las entradas de los puertos...

El poeta Jeremías Marquines ganó el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes, el más prestigioso de México en su género, por el libro Acapulco-Golden. El jurado, integrado por Jorge Boccanera, Ernesto Lumbreras y Orlando González Esteva, votó por unanimidad la obra de Marquines y señaló que se trata de "un libro intenso y rico en imágenes" y que "a lo largo del volumen desvarío y lucidez dan una diversidad de climas y una trama".






