
Capítulo 34 – El fin de todo Al día siguiente, muy de mañana, empezamos a acarrear aquella inmensa fortuna hasta la playa, que distaba cerca de una milla, y desde allí, otras tres millas mar adentro hasta la Hispaniola. La tarea fue muy pesada para tan corto número como éramos. Los tres forajidos que aún erraban por la isla no nos preocupaban; uno de nosotros vigilando en la cima de la colina bastaba para protegernos de cualquier repentina agresión; y además, no dudábamos de que estarían más que hartos de cualquier querella. Hicimos nuestro trabajo con entusiasmo. Gray y Ben Gunn fueron los encargados de tripular el bote, y los demás, en su ausencia, íbamos apilando el oro en la playa. Dos de los lingotes, atados con un cabo, eran ya de por sí carga más que suficiente para un hombre fornido; tan pesada, que exigía un lento transporte. En cuanto a mí, como no servía por mi fortaleza para estos trabajos, me destinaron a ir envasando las monedas...

El poeta Jeremías Marquines ganó el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes, el más prestigioso de México en su género, por el libro Acapulco-Golden. El jurado, integrado por Jorge Boccanera, Ernesto Lumbreras y Orlando González Esteva, votó por unanimidad la obra de Marquines y señaló que se trata de "un libro intenso y rico en imágenes" y que "a lo largo del volumen desvarío y lucidez dan una diversidad de climas y una trama".






